El IoT, un mundo que también merece ser seguro

El internet de las cosas, más conocido por Internet of Things (IoT) es el cóctel que ha surgido de mezclar el cada vez más bajo coste de conexión a Internet, la facilidad para integrar comunicación wireless (sin cables) en cualquier dispositivo de pequeño tamaño, la enorme penetración de la telefonía móvil y el avance de las técnicas de tratamiento de datos masivos.

Hasta hace unos años, Internet era “simplemente” un gran conjunto de ordenadores conectados entre sí que los seres humanos utilizaban para intercambiar información que ellos u otros habían creado: correos, canciones, películas, imágenes o código fuente, entre muchos otros tipos. El problema de esta información es que para generarla hacen falta personas, con el tiempo y esfuerzo que ello requiere, además de las modificaciones realizadas a la hora de traducir un hecho objetivo en información almacenable, inherente al ser humano y por lo tanto, inevitable. Con el paso de los años se ha conseguido reducir el efecto del cuello de botella que suponen las personas, y ya es posible generar grandes cantidades de datos en tiempo real instalando nodos de comunicación wireless o etiquetas RFID en elementos que utilizamos a diario: cajas, coches, neveras, termómetros, cámaras, entre muchas otras.

Con esta nueva información, los sistemas que la reciben toman decisiones y automatizan procesos que antes se hacían de forma lenta y costosa: hacer la compra una vez que la nevera se ha vaciado implicaba ir al supermercado, hacer colas y transportar las cosas, ahora es la nevera quien lanza el aviso de compra cuando detecta que se ha acabado algún producto. Antes había que ir corriendo en cuanto un bebé emitía un sonido que pudiese indicar que le pasaba algo, ahora se puede ver a distancia con una cámara que se activa con su movimiento.

Los riesgos que trae el internet de las cosas

El internet de las cosas presenta muchas ventajas, principalmente en la calidad de vida de sus usuarios, pero el precio a pagar por ellas es la cantidad de datos que se intercambian y su naturaleza, ya que la mayoría de ellos son personales, o llegar a demostrar hábitos que pueden ser explotados para fines delictivos. Por ello es imprescindible que cualquier elemento de comunicación entre nodos vaya de la mano de la seguridad informática y que esta no se ciña exclusivamente a los ordenadores, sino que a cada uno de los pequeños transmisores y receptores se les trate como a un miembro más de la red de seguridad.

Garantizar la seguridad en las comunicaciones es necesario pero no gratuito, ya que implica incrementar la cuantía de datos a transmitir sobre canales normalmente preparados para soportar una baja cantidad de ellos. Aun así, hace falta integrarla en todas las partes de la arquitectura: cifrando la comunicación entre nodos mediante protocolos como los ampliamente utilizados WPA, protegiendo los ordenadores que almacenan y procesan los datos recogidos y por último, librando de posibles ataques a los usuarios finales de estos datos, que habitualmente son smartphones.

Es fundamental que no se descuide la seguridad de ninguno de los componentes, ya que basta una mínima brecha para que un atacante la aproveche y pueda penetrar en zonas lejanas de la red. El primer paso y no el más fácil, es concienciar a los usuarios de que la seguridad es un aspecto importante de la tecnología y que solo es posible llevarla a cabo si ellos colaboran, teniendo cuidado de no utilizar redes sin cifrar o de instalar con frecuencia las actualizaciones de seguridad.

La conectividad de los objetos es un mundo a descubrir lleno de oportunidades, y depende de todos que se convierta en el mundo seguro que deseamos.

2019-08-05T14:10:27+02:003 enero, 2018|
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