El Big Data en el sector de la automoción: una alianza perfecta

El Internet de las Cosas ha llegado para quedarse. De hecho solo estamos viendo los primeros pasos de una nueva era en la que, aliado por otro poderoso concepto, el Big Data, vamos a contemplar una auténtica revolución en las actividades económicas y el comportamiento humano. Y el sector de la automoción no va a ser una excepción, sino todo lo contrario.

Es importante no acabar mareado con ciertas magnitudes. Por ejemplo, la cantidad de información traducida en datos que la actividad humana es capaz de registrar cada día: 2,56 trillones de bytes de información, según los cálculos de IBM. Pero el desafío está en nuestra capacidad para integrar todo ese volumen inmenso de conocimiento en busca de una mayor eficiencia.

¿Qué tiene que ver esto con la fabricación de vehículos de motor? Pues muchísimo. Para empezar, a nadie se le escapa que el proceso industrial en la automoción ha alcanzado niveles óptimos de automatización, que es la antesala del almacenamiento de datos no solo por su inmenso volumen, sino por la capacidad para integrar conocimiento de modo fiable y sistemático.

Esto lo hacen a la perfección los robots en las plantas de montaje de automóviles, porque hace años que el sector comenzó a aplicar los principios de la tecnología digital en los procesos de fabricación. Multitud de sensores son responsables de un adecuado control de calidad o de anticipar la durabilidad de las piezas mecánicas del vehículo. Una realidad ya tangible.

Hay que destacar que la aplicación de la tecnología afecta positivamente a toda la cadena de valor de la industria automovilística, dado que es posible aplicar los principios del Big Data a diferentes fases del proceso. Desde la producción, evitando errores, a las reparaciones, en las que es posible aplicar métodos predictivos y anticipar con ello la durabilidad de los componentes.

Unamos a ello la eficacia del uso de datos sistemáticos en la vertiente no industrial del sector, sino en el servicio postventa al cliente. En este caso nos encontramos ante la oportunidad que ofrece la tecnología aplicada a la economía de servicios, en la que el diálogo con el cliente y la búsqueda de la satisfacción está amparada por un conocimiento preciso de sus exigencias.

Podemos ponerle cifras a este cambio de paradigma. Por ejemplo, los estudios del Instituto Fraunhofer IFA, de gran solvencia entre la industria automovilística de Alemania, calculan que las firmas del sector de la automoción pueden ahorrar hasta un 20 % de sus costes de mantenimiento solo por anticipar el desgaste de las piezas a través de métodos predictivos.

Cifras de vértigo en el big data

Las proyecciones sobre el Big Data y su incidencia monetaria en el sector producen cierto vértigo. Por ejemplo, podría alcanzar una facturación de 750.000 millones de dólares en el año 2030, según un informe de la consultora Mckinsey. Y todo gracias a la implementación de datos al servicio del conductor, para hacer de su trayecto un camino más seguro y eficiente.

Este escenario, la disponibilidad de datos abiertos para ser utilizados en el tráfico viario, ofrece múltiples posibilidades. Pensemos en las aplicaciones ya existentes para encontrar aparcamiento, o en los sensores que nos indican el trayecto más fluido (y que por tanto ahorra carburante) en una franja horaria y un trayecto concretos. Pensemos en la prevención de siniestros por cálculo de probabilidades, y en su incidencia para el negocio de las aseguradoras.

En definitiva, el Big Data abre un escenario sin precedentes respecto a la aplicación del conocimiento acumulado y sistematizado sobre los modelos de negocio. El sector de la automoción va a ser uno de los grandes beneficiados por una revolución que ya nos toca a la puerta de casa y es imparable.

2019-08-05T14:10:59+02:0028 diciembre, 2017|

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